29/4/08

Sin Título 1

El invierno llegó un día. Desde la habitación sin ventanas podía escuchar el chasquido que produce el agua debajo de las cubiertas de los automóviles, pero en este caso el frío la envasaba, le imprimía la sonoridad del rechinar de vidrios diminutos, la extensión que emulaba una arena incolora e insípida, cubriendo valles desérticos. Días atrás había sentido el frío en la cara y palpado la escarcha de los parabrisas; ahora miraba la nieve en el alfeizar de la ventana de la sala, y unía en cadena deductiva la correspondencia de los sentidos. Era invierno. Abrirían las pistas de esquí, los bares y restaurantes, llegarían los turistas en viajes organizados, vendría el trabajo, el dinero. Debía llegar hasta el Ministerio, pero en la vereda, Clara no veía las pinturas prolijas de la calle. Apenas distinguía…

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